ENTRADA $20 PESOS

¿Cómo son los Duendes?
¿Quién los ha visto?
Huasca un pueblo mágico
Venga a visitarnos
 

 

 
 
 
   

En el pueblo de Huasca y a lo largo de la republica mexicana se han recogido algunos relatos de personas que han tenido una experiencia cercana con estos seres energéticos llamados Duendes:


ATALO
"Cuando tenía como 17 años me dio por venir al rancho a pasar unas semanas en el mes de octubre. Me gustaba montar y lo hacía todos los días. Yo mismo me encargaba de peinar la crin de la yegua, -era una Apalusa- y cada día era igual. Un día antes la había cepillado y la encontraba en la mañana con las trenzas, a veces una, a veces tres. No pensaba que podían ser los duendes, pero estaba seguro que los trabajadores del rancho no le iban a hacer estas trenzas, a veces de tres gajos, a veces de dos. Las de tres eran como las que se hacen las mujeres, las de dos eran diferentes, no te puedo decir cómo estaban hechas, pero era un problema deshacerlas. Lo que sí tenía que hacer, era cortar el amarre que consistía en una o dos cerdas muy apretadas, después de usar tijeras para esto, deshacía toda la trenza con mucho cuidado. ¿Quién la hizo?, me preguntaba enojado cada mañana, porque no había día que la yegua amaneciera con la crin sin trenzas".

FIDEL
Estaba Fidel trabajando en su milpa con una pala, cuando vio a tres de estos chamacos, desnudos, de aproximadamente unos 60 centímetros de altura, quienes estaban jugando al borde de la barranca de varios metros de profundidad. Fidel pensó que lo que hacían los niños era una imprudencia y, en vez de regañarlos, los insultó con palabrotas. Ellos fueron hacia él, le quitaron la pala, y con la misma lo golpearon.

OLGA
OIga me platicó que en rancho Alegre han encontrado trenzas muy enmarañadas y, lamentablemente, no me han podido regalar ninguna. A veces los mismos duendes las destejen en el transcurso de 24 horas. Según Olga, una noche, a una yegua que no se dejaba tocar por ellos porque era muy arisca, la oyeron relinchar muy fuerte y los cuidadores se levantaron de sus camas para ver qué sucedía. Estaba tan oscuro que no vieron absolutamente nada, sin embargo, a la mañana siguiente la yegua tenía en la frente una cortada profunda, como de ocho centímetros de largo, de varillazo o machetazo. Catarino, un compañero de trabajo del rancho la curó, posteriormente sus dueños la cambiaron por otra.

En esa misma reunión, Olga me comentó que una niña de nombre Isabel, vio en la noche a dos duendes, uno montado con la cara hacia la grupa y el otro jalando a la yegua.

RUBEN
Cuando Rubén tenía siete años jugaba a las canicas y al trompo con los duendes. "Eran seres de aproximadamente 60 centímetros de altura, jugaba con ellos en el patio o cerca de un álamo plateado; por la tarde también lo hacía con la pelota, aventándoselas desde una de caballeriza hasta un árbol que estaba a unos ocho metros de distancia; esto sucedió durante tres meses". Las canicas con las que se divertían eran de Rubén, y el duende le preguntaba que cuándo volvía para jugar con él. Ese duende vestía pantalón largo, verde y una gorrita del mismo color en pico, como cucurucho, y camisa blanca.

Durante la noche, entre las diez y las once, los duendes jugaban en la casa de servicio con unos botes de pintura vacíos de cuatro litros, tocándolos como si fueran tambores y no dejaban dormir. Una mañana, encontraron el mechudo trenzado y lo tuvieron que tirar a la basura. A la muñeca de una niña de nombre María de los Ángeles, la dejaron sin cabello, y a ella misma, en el "cuarto de armas" (un bungalow que está en la misma propiedad), hace como tres o cuatro meses le pellizcaron la nalga, motivo por el cual corrió a llorar con su mamá, quien comprobó que se le veía el pellizco en la piel.

Descubre más relatos en el libro "DUENDES Con las Crines en las Manos" o visita el Museo de los Duendes en Huasca de Ocampo, donde la autora del libro cuenta las historias que ella ha investigado.

 


Copyright 2006. Ecos comunicación